Homs se protege de las miradas ajenas bajo un disfraz de calles sucias y edificios desteñidos. Es un caleidoscopio, como adelantaba, que prefiere ocultar las mejores formas de su interior para quien se dedica a buscarlas.
El cielo gris ceniza sirve de fondo a unas palomas traviesas que juegan a perseguirse a si mismas y que, dando vueltas sobre quien las domina, forman parte del escenario cotidiano de la ciudad.
Coger el autobús es toda una aventura. Me apresuro hacia la puerta esquivando a un grupo de mujeres empeñadas en entrar las primeras, ignoro las miradas curiosas que me estudian mientras entrego el dinero al conductor (siete liras sirias no llegan a ser 5 centimos de euro) y mantengo el equilibrio mientras el autobús que acaba de arrancar pita al niño en bicicleta que tiene delante para no atropellarlo. Un joven me cede su asiento y se lo agradezco.
Voy cargada de bolsas a casa de mi prima Nivin donde duermo desde que mis padres volvieron a Madrid. Transporto conmigo un poco de todo: fruta, restos de almuerzo, pasta de dientes y el pijama de invierno.
Empieza a hacer frío. Mi prima ha colocado ya la manta que me arropa por las noches en mi cama y que me ayuda a dormir mas profundamente cuando todos los integrantes de la casa deciden que ha llegado la hora de acostarse.
En mi cama, bajo el ruido de los mosquitos que auguran noche de insomnio, termino pensando en todo lo que me rodea y que hacen que vivir en Homs merezca la pena. Esos detalles ínfimos como el olor del jazmín al alba, entender los versos de Darwish, conversar al anochecer en árabe sobre como cocinar una tortilla de patatas y ser testigo del día a día de un país tan lejano al mio, pero de ninguna manera ajeno.
La poesía de Al Andalus se enseña en las universidades y mi maestro, el Doctor Jaldum, introduce en sus clases algún verso siempre que puede. Este sirio de padres palestinos es un apasionado como yo de Darwish y nuestro mutuo amor hacia el difunto poeta de la resistencia nos ha unido mucho. Espero cumplir la mayor parte de sus expectativas.
Dulces sueños o tesbaj ala aljer.





